La escena política nacional se ha trasladado “con camas y petacas” a la ciudad de Nueva York. La Presidenta de la República y los(as) Presidentes(as) de Partidos Políticos, de gobierno y oposición, han llegado a la gran manzana a participar en la Cumbre sobre el Cambio Climático y en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.
Más allá de la tremenda importancia de ambas actividades, la opinión pública nacional ha centrado su mirada en la mega cumbre de presidenciables concertacionistas y en el intenso lobby que despliega la delegación chilena, encabezada por la Presidenta de la República, para conseguir un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Respecto de este último aspecto quisiera profundizar, más aún cuando la noticia internacional de esta 62º Asamblea General, ha sido el retiro de la delegación cubana ante el discurso del George W. Bush que “denunciaba” la falta de libertades públicas en la isla caribeña, situación por lo demás conocida por toda la comunidad internacional.
Cada cierto tiempo se pone de moda en la escena nacional, la discusión acerca de los derechos humanos. No debemos olvidar que el año pasado, ya se insinuó una reyerta a propósito de la manera que votaría nuestro país la integración del Consejo de Derechos Humanos, al que hoy se pretende ingresar. En aquella ocasión, existieron dudas razonables para pensar que Chile voto por Cuba para ser parte del mencionado Consejo. Y hoy, estamos ante una frenética búsqueda de adhesiones, para ser parte de la mencionada instancia, cuestión que al parecer se ve despejada ante el retiro de la candidatura venezolana
Para cumplir el objetivo antes mencionado, se exhibe con una cuota importante de orgullo, nuestras credenciales de respeto irrestricto a los derechos fundamentales de la persona humana. Es en este punto, donde el Gobierno de Bachelet me merece severas dudas. No por su falta de apego al respeto y promoción de tales derechos en la escena nacional (aun cuando puede ser discutible la situación con los pueblos originarios), sino que por su absoluta falta de coherencia internacional en la materia.
Resulta penoso ver a Bush hablar de abusos y de lucha contra las tiranías, cuando se es director de orquesta de una gran masacre internacional. Mi problema con George W. Bush no es que denuncie la ausencia de libertades y democracia, sino que su aberrante contradicción.
En ese sentido, quisiera ver a la Presidenta de mi país, con su tremenda historia personal a cuestas, en el gran foro internacional de Naciones Unidas denunciando tales atropellos, en particular los que vive a diario el pueblo cubano, oprimido por la dictadura latinoamericana más feroz y extensa en el tiempo. Enumerar el sinnúmero de atropellos a que son sometidos los cubanos, sería largo de detallar. Los supuestos atributos en materia educacional y de salud de “tan particular democracia”, caen a la luz de los antecedentes existentes en la materia (Sugiero leer “Cuba: Mito y realidad” en www.directorio.org).
Por todo ello, ante la evidencia de que Chile ocupará un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, espero sinceramente que la Presidenta y el Gobierno de la Concertación, actúen sin traicionar nuestra historia. Que sí desea visitar la isla en los próximos meses, se reúna y escuche a la oposición castrista. Y, en su actuación como miembro del Consejo denuncien a viva voz las dictaduras que oprimen a sus pueblos. Es un mínimo de coherencia.